MAO.- Cuando era muchacho nunca recibió unos buenos zapatos ni un juguete, al menos que no fueran esas pelotas confeccionadas a base de medias. “Hoy en día me estoy poniendo toda la ropa que no me puse cuando chiquito, me estoy echando todos los perfumes que no me puse cuando era jovencito y me estoy tirando todas las fotos que no me tiré cuando muchacho”, dice Kiko el Presidente debajo del árbol en el que soñó ser artista.
Al recordar episodios pasados de su vida, le brota la nostalgia, pero no se detiene y expresa sentirse en su mejor momento. “Soy un ejemplo de que sí se puede soñar porque debajo de esa matica yo soñé con cantar y lograr el éxito y a mí se me dio”, afirma a LISTÍN DIARIO Francisco Manuel Alvarez, hoy conocido como Kiko el Presidente, padre de dos niños, fruto de su matrimonio de quince años con Eunice Peña.
Claro, para lograr esos sueños tuvo que enfrentar obstáculos y antes de incursionar en la música trabajó “muy duro para poder comer”. Y así fue desde camionero como heredó de su padre (Persio, ya fallecido) hasta cocinero en un restaurant de Puerto Plata.
Su madre, María Guadalupe Álvarez, lo recuerda como un niño tranquilo. “Se portaba muy bien” y de travesuras sólo retiene en la memoria aquella vez que, a la edad de cuatro años, “le cayó a mordidas a un niño que estaba durmiendo”.
Además, ella revela sus primeras inclinaciones musicales: “Le gustaba la música americana y con tal de que se la dejaran oir él me decía: - mami, si me dejas escuchar música te trapeo la casa”.
En el merengue Con el tiempo la música anglosajona fue perdiendo su batalla frente a su entorno: el merengue.Madera Band fue uno de los primeros grupos que lo integró a su propuesta hasta que logró independizarse y a partir del 2007 saltar a la popularidad por el tema “Vamos pa´ la playa”, que lo llevó a la alfombra dorada de los premios Casandra y en marzo pasado salió del Teatro Nacional con una de esas codiciadas estatuillas en manos, para alegría de Lupita, que lo miraba por televisión “y ya pensaba que no se lo iban a dar”.
Precisamente el domingo fue a cumplir una promesa que hizo tras recibir el Casandra y a realizar un sueño artístico: cantarle a su gente de “la ciudad de los bellos atardeceres”.
Aquí demostró ser profeta en su tierra. Pocas veces se había visto tanta gente congregada para disfrutar a un artista. A eso se le agregó el aparataje logístico y televisivo que diseñó el empresario Luis Medrano, quien llevó una unidad móvil satelital para transmitir las incidencias del show por su canal, Mangú Music Television.
Era la noche en que las mujeres más bellas del universo estaban repartidas entre Mao y Vietnam, sólo que las “linieras” no querían corona, sino aplaudir a su rey.
El pueblo que lo vio nacer se desbordó y llenó de “bote en bote” su más ancha avenida para disfrutar durante más de una hora y media de un concierto con altas dosis de fiesta, con un montaje que hasta ahora no se había concebido para un intérprete de música típica en el país.
Bailarinas, efectos pirotécnicos, un escenario apropiado, pantallas gigantes, luces inteligentes y el entusiasmo de los presentes proporcionaron todas las condiciones para que el artista se luciera y ofreciera un espectáculo memorable.
EL SHOW
Kiko el Presidente marcó la ruta para un estallido de emociones en cada una de las interpretaciones: “La llave”, “Pa’tu casa”, “Tu en mi vida”, “Quien lo va a saber”, “El teléfono” y su tablazo: “Vamos pa’la playa”.
Con este último se despidió de sus admiradores, quienes estaban dispuestos a seguir allí hasta que saliera el sol. Con el calor reinante, alguien comentó que lo ideal era convertir en realidad la frase: “Vamos pa´ la playa a beber cerveza”. Sólo que la más cercana estaba a cuatro horas de allí.
La fuerte ola de calor que se sentía en la ciudad desde tempranas horas de la tarde no detuvo la audiencia. Unos bailaban y otros se mantenían expectantes ante el desempeño en escena del cantante, que lució ropa ligera, muy juvenil.
El artista fue tratado como una celebridad, incluso se veían vendedores ofertando fotografías, broches y pulseras con la efigie de Kiko, como sucede en los conciertos de estadios con artistas extranjeros. Y es que en su pueblo de Mao existe una particular veneración por su figura, que hasta imágenes de él, enmacardas, sobresalían entre la multitud.
Cerveza Presidente, Brugal, Viva y otras empresas se encargaron de convertir en realidad este sueño artístico que él denominó “Kiko pal´ pueblo”.
La presentación inició como debe ser para un artista que reafirma su actual liderazgo en la música típica o en el “tecnotípico”, como algunos llaman a su propuesta. Una antesala de aplausos desde que se anunció su entrada a escena... Sonaron los primeros acordes de un mosaico instrumental de algunos éxitos, fuegos artificiales y la fiesta entonces comenzó.